Experiencia en Velilla del Río Carrión y alrededores – Mayo 2021

Como parte del proceso de escucha comunitaria estuvimos varios días visitando y conociendo, no sólo Velilla del Río Carrión, sino también Cervera de Pisuerga, Guardo y Camporredondo de Alba.

El primer día, antes de llegar a nuestro destino en Guardo, desde Palencia, hicimos una parada en Cervera de Pisuerga para entrevistarnos con personas de allí. No nos resistimos a probar y comprar los lazos de hojaldre tan famosos de la zona.

En Cervera de Pisuerga conocimos a personas positivas y con visión de futuro, con un perfil marcadamente emprendedor y con el foco en los pequeños negocios “que son la clave”. Si bien aseguraron que la zona está sumida en un fuerte pesimismo y desánimo, con cada vez menos servicios, remarcaron que en Cervera y alrededores existen posibilidades para la apertura de comercios en diferentes sectores (arte, deporte, ocio, gastronomía…). También nos hablaron de las galerías de arte Cervaria y el Hayuco, que esperamos conocer en la próxima visita. Cuando miran la zona, ven crecimiento y oportunidad “Cervera es pequeño, pero tiene un potencial terrible”. También hablamos de la apertura del primer Museo de Arte Chino en Cervera, “tienen que venir de fuera para decirnos lo que tenemos”. Hay voces que te hacen creer que todo es posible, por el entusiasmo y la seguridad que transmiten, con música de lucha sin tono alguno de resignación.

Al día siguiente estuvimos en la Central Térmica. Las vistas, en el camino desde Guardo, son espectaculares. Especialmente después de la curva que deja al descubierto la torre recortada sobre la montaña Palentina.

Aquí las sensaciones son variadas. Por un lado, hay un marcado sentimiento de desánimo general y desconfianza, sobre todo en relación con el proceso que estamos implementando desde las tres organizaciones. Pero también hay esperanza, y sobre todo interés y curiosidad en la evolución del proceso. Hay ingredientes para el cambio, solo que aún no se ha encontrado la receta que lo haga exquisito, en eso están algunos y con posibilidades de unirse otros.

A mediodía comimos en Velilla del Río Carrión, en un restaurante llenísimo de gente trabajadora, ruidosa y muy alegre; la comida buenísima, y los postres aún mejores. Ese día el sol nos regaló un respiro de la lluvia.

En Guardo, donde estuvimos alojadas, entrevistamos a más personas, de muy diversos perfiles e ideas. Las percepciones de estas personas son muy variadas, y hablamos de muchos temas. Hablamos de pasado, presente y futuro. Algunos nos explicaban cómo la gente de la zona tiende a mirar hacia atrás, asegurando que “los tiempos pasados fueron mejores” porque “en Guardo jamás hubo paro y había mucho dinero”. Algunos nos contaron que ahora prácticamente en cada esquina se puede ver un “se vende”. En ocasiones también dejan entrever un fuerte sentimiento de abandono, “somos los grandes olvidados”. Una frase recurrente es que no hay trabajo y que la zona está en decadencia, pero todavía hay gente “que se decide a tirar del carro”, porque “hay que hacer algo sí o sí”. Explicaron que la gente “tiene ganas de cambio, pero también tienen miedo a lo desconocido”. Como en todos los lugares la COVID impacta, con una sensación de inseguridad y desazón, aunque a medida que la pandemia va relajando su dolor, se abre paso la esperanza.

El fuerte asociacionismo que existe en la zona se ve como un gran potencial. Nos ha sorprendido la cantidad de podcast y programas radiofónicos que hay en la zona, para todos los gustos y colores, y además hechos por los propios vecinos y vecinas. Por destacar algunos, que ya seguimos en nuestras redes y del que nos hemos vuelto fans: Amapolas 2.0, Hablamos de comida y lo que surja, Apuesta por tu gente con José Fernández «Iris», En la coctelera y Radio Guardo. Entre risas, nos respondieron “sí, es que aquí nos gusta hacer cosas”. A nivel cultural los vecinos y vecinas perciben que hay mucha oferta, que “ni siquiera se puede encontrar en la propia capital de provincia”. Sin embargo, entre la gente joven, nos han contado que existen muy pocas alternativas para el ocio, y que la vida resulta a veces rutinaria, “aquí no hay vida y siempre es lo mismo”.

También hablamos sobre identidad y (des)arraigo. Durante la visita, en más de una ocasión hemos escuchado “volver el pueblo se asocia al fracaso, para muchos y muchas es como dar marcha atrás”. Se cree que existe un estigma con la identidad de pueblo, pero también hay voces que se enorgullecen de ser de pueblo, el amor a la tierra y “lo bien que se vive aquí, sales de casa y siempre conoces a alguien”. Una de las entrevistas terminó con “yo soy un enamorado de mi pueblo, podría vivir en cualquier otro lugar, pero he decidido vivir aquí”. También se habló del auge que había tenido lo rural después de la COVID, afirmando que “después de la pandemia lo rural ahora vende”.

Camporredondo de Alba nos sorprendió por su tranquilidad y cercanía a la montaña. El camino desde Velilla del Río Carrión hasta allí, rodeando el Embalse de Compuerta es hermoso, con un bellísimo paisaje de la montaña con matas de color violeta y el característico amarillo de las retamas. Entendimos el enamoramiento a este territorio, y nos queda la esperanza que esta pasión por la tierra también sea motor de cambio para mejorar las condiciones de vida de la zona y empezar nuevos proyectos que la revitalicen.

Más tarde, volvimos a Cervera de Pisuerga a seguir con las entrevistas y conocimos el bar “La Cascarita”, en la calle del mismo nombre. El bar estuvo primero que la calle y es testigo de la vida cotidiana del lugar, para todas las edades. Disfrutamos también de la Plaza Mayor, rodeada de pórticos con columnas de piedra y aleros de roble.

A la hora de volver a nuestras casas, no quisimos hacerlo sin algunos productos locales para compartir las delicias de la zona: cecinas, chorizo, quesos, licores, pastas de nata.

Llovió todo el camino hasta Palencia, pero nada de eso empañó la alegría de haber conocido un poco más de “La gran desconocida”, y por eso queremos dar las gracias a todas las personas que hemos conocido en este viaje, que nos han recibido con los brazos abiertos y nos han enseñado su tierra a través de sus ojos.

Deciros que por un momento sentimos que ya somos un poco de allí, y es que ese lugar ya es nuestro también. Un lugar que te abre sus puertas con hospitalidad sincera y sus gentes te hacen sentir que es tu casa, que perteneces a ese, su mundo, te vas con esas ganas de volver y seguir viviendo, sintiendo.

Hasta pronto.